Archivo de la categoría: La cultura no lo es todo

La cultura no lo es todo

Vente a Alemania, Pepe!

Hace poco -el Cielo sabrá por qué- pusieron “Vente a Alemania, Pepe” en la televisión alemana.
Doblada al aleman magnificamente, por cierto, en mi modesta opinión de C1. Aparte de la efímera nostalgia por la terruca y de la rampante vergüenza ajena, un genuino placer para los sentidos. Cine español de calidad y cuyo mensaje, atemporal, ayudará sin duda a miles de alemanes a tener una idea más verosímil acerca del carácter hispanico, lejos por fin de aquella oscura sentencia de Valle Inclán que afirmaba que España era una deformación grotesca de la civilización europea.

Pero sucede que, como en tantas y tantas ocasiones, las palabras pueden dificilmente expresar aquello que trasciende los sentidos, la psicología y la idiosincrasia de una cultura completamente distinta, aun compartiendo siglos de historia común. No es posible para un aleman raso llegar a disfrutar y entender en su totalidad la magia de esta película. Hay que explicarle que el caldo se enfria con pan y que la letra, con sangre entra. Extraer de esa centella de tropos, chanzas e ironías propagandísticas el mismísimo cogollo del que fumaron Agustina de Aragon, Isabel y Fernando, Mariana Pineda, el Cid campeador o la Monja-Alférez. No basta con haber hecho un curso en O Grove (u “O Grouf”, tal y como lo pronunciaba una simpática estudiante de Psicologia de Leipzig ante un servidor la semana pasada) o acaso pasar las vacaciones en Benicassim y practicar el balconing. El camino español va mucho más allá y como decían Martes y Trece, España no se acaba donde empiza el mar; hay barcas pa’ seguir.

Por eso quisiera escribir estas letras, en suerte de justicia poetica, para ilustrar la patria que insistimos tanto en amar y criticar, exaltantando su carisma de piel de toro y su armónico crisol de rodal de sudor, amnistía fiscal y mano larga. Un país de simpatía y donde, a fuerza de enamorar a Hemingway con los San Fermines, llegamos a hacer de Stendhal el Rojo y lo Gualdo. El botijo y la guitarra, la sangría y el orinal.

Pero España es mucho más que estampas de atavismo crónico y delicioso primitivismo. Es país de blogeros, de homosexualidad abierta y panaderías orgánicas, con su legión de panarras adictos a la masa madre, las franquicias de Peggy Sue´s y los conciertos de Mario Vaquerizo. En el país donde todo el mundo sienta cátedra, los 140 caracteres del twitter son el mal menor. Y también somos corruptos, claro. Como todo el mundo. Pero nosotros además tenemos gracia para serlo, y eso es bastante más de lo que jamás podrán decir los que perpetraron el desfalco del aeropuerto de Berlin.

Adoramos además las nuevas tecnologías, pese al “que inventen ellos”… En mi antigua universidad, por ejemplo, mandamos cobayas al espacio con el programa espacial europeo. Y hasta los mendigos tienen smartphone. También tenemos una de las leyes anti-tabaco más intransigentes y progresistas del orbe. Y para colofón, como se decía antaño, no hay españoles fuera de España. Los que venimos al extranjero a estudiar o a trabajar somos como las meigas o como entes de razón. La mayoría ni siquiera sabía que Repsol-YPF tenía capital español, pero cuando los argentinos decidieron expropiarnos sin pagar un duro, carajo. Lo sentimos muy nuestro, teníamos u fuerte posicionamiento español y nos indignabamos. Y eso que estábamos viviendo en Londres o en los fiordos noruegos. Los alemanes se pensaban que eramos alérgicos a la modernidad y que además, como insistía el tópico, eramos vagos, cainítas y practicábamos un individualismo “que te jodan”. Menos mal que el cine español acudió en nuestro auxílio.

Por fortuna la memoria colectiva tiene una durabilidad bastante escasa y no creo que dentro de dos meses ningún alemán se acuerde de la dichosa película. Tampoco se acuerdan ya de aquellos pepinos españoles que tanto dieron que hablar en su día, y desde luego hay cosas mas importantes en las que pensar, como por ejemplo restringir a los emigrantes españoles las ayudas laborales que cualquier trabajador tiene derecho a percibir en Alemania. (ver link con interesante información aunque procedente de blog tendencioso). Y así las cosas, ellos siguen haciendo caja y nosotros nos preparamos para hacer de Murcia o Matalascañas allá por 2030 un paraíso de hombres y mujeres de mundo que hablan muchos idiomas y poseen múltiples títulos extranjeros y experiencia laboral sin límites. Un país nuevo donde la torrija matinal acompañará al beicon con huevos fritos y donde nadie insistirá en llamar a las mujeres “señora” o “señorita” en función de su estado civil. Ventajas colaterales.
Una España europea, al fin y al cabo; la leche en polvo.

Las comparaciones son odiosas

 No se que pasa en Alemania, que la cultura no esta pasada de moda. Entendamonos; no es que in Germannia no existan las elites del postureo pseudo-intelectual que en nuestra Patria constituyen lo más granado de la escena cultural y la sostienen, a fuerza de endogamia y autorreferencialidad. (Para el caso, vendrían a funcionar como una facultad de Ciencias Politicas o Sociología) No es eso.

Lo que sucede es sencillamente que cuando le preguntas a tus colegas Fritz (FP de fontanería, 23 años) o Hildegard (Derecho, 25 años) que qué se cuece este sabado nuit, te invitan a venirte a la noche del arte en la calle o a un poetry slam -algo así como una regeifa, pero como más elevado y trascendental- cuando no que al tomar la garimba de las siete se ponen a hablar de lo que han aprendido en clase o discuten sobre las lecturas que hacen sin que se les mire con recelo, desprecio o repugnancia. Hablar o vivir de cultura no es tabú ni patrimonio exclusivo de la presunta intelligentsia. Es tener una existencia plena, sin más pretensiones, vamos.

Así fue como asistí hace algunos días a mi primer poetry slam en Constanza. Una suerte de escenario compartido donde estudiantes y profesionales alternaban, en la complicidad de una barra llena y unas luces agradables, para reírse un rato o sentir algo más allá del colocón que aliena y distrae de la liturgia del día. Un teatro, una función escénica donde el carácter y la expresión corporal triunfan por encima o por debajo de las palabras, tejidas con armonía y fuerza. Con suavidad o con rabia atonal. Música, arte, literatura, talento… e pui mourire.

Acudimos a la Fundición, un garito muy bien puesto donde la atención es de primera y la carta de coctelería ambiciona, alineada con el ambiente, ser la continuación una novela de Maupassant. Pero asequible a todos los públicos. Nos sentamos con unos cocolocos entre la gente y saludamos a varios conocidos de ambientes bien distintos; todos hemos venido a pasarlo bien. El maestro de ceremonias ingresa y nos presenta a los primeros poetas. Se aplaude con ganas -la mayoría ya ha estado en las anteriores ediciones y sabe bien que el espectáculo promete- y se obra un silencio sepulcral, de reverencia y atención. Estamos en Alemania y cuando se viene a hacer algo, se obra en consecuencia. Todos han ido al baño antes para no tener que levantarse, y ante la previsible ausencia del eventual timbre del teléfono, un ruido sordo de tecleo tactil deja espacio al recital.

Nos lo pasamos supercachipendi-lerendi. El primero mejor que el segundo y peor que el tercero. La variedad de acentos y rasgos dialectales (el bavaro vendría a ser algo así como el acento andaluz para esto de contar chistes de maricas y gangosos, mientras que el berlinés suena más al ejque de la coronada villa, exagerado y chulesco. El alemán de suiza, salvando las distancias, tiene la gheada gallega y además como algo de apego a la terruca, morriña, empanada y grelos.) pero las palabras fluyen y se materializan en el prosopón de la comedia, demostrando que en Alemania tambien existe el sentido del humor, absurdo y a veces surrealista, con palabros sacados de cada zona. A nosotros nos recuerda a los chanantes, y reímos con gusto porque un gesto transmite lo mismo que una voz desconocida. Ha merecido la pena pagar 8 euros (6 para estudiantes) en tomar una copa menos pero reírnos bastante más. Luego charlamos con los artistas -el ganador se ha llevado un whisky escoces de 25 castañas- y si se puede, se alterna un poco con esta o aquella muchacha que no dejaba de mirarnos en el entreacto, no sin rubor. A lo peor, esa noche se queda uno en casa, masticando bocados de un melancólico kebab, pero habremos aprendido algo nuevo y a golpe de carcajada sincera.

PD: No envían al extranjero, pero si tienes morriña de una buena empanada gallega y tradicional, puedes comprar empanada gallega online y te la envían a toda Galicia y España. 

Imaginemos, solo por un momento, esta misma situación en España.

Sabado por la noche, tus colegas Borja y Saturnino te llaman a eso de las doce y media pasadas para hacer un poco el calavera. Ibais a ir una terraza para tomar dieciocho cañas y fumar varios cartones de duquetas, pero como ayer gano el Depor la liga, no queda estrella en los bares habituales. ¿Que hacemos? Sin llegar al pánico, pero al borde de la apoplejía, un grupo de muchachas de magisterio pasan en tropel por delante de la mesa y tras escuchar algo sobre un “Poetry Slam” en el Locuus Amoenus, una siniestra sala de variedades famosa por sus conciertos de rockabilly y otras trangalladas alternatas, nos decidimos por seguir al grupo de hetairas en busca de acomodo y afecto. (todos menos Saturnino, que desde que se entiende con una encantadora señorita de la capital, ya no tiene ojos para el resto de las hembras de su especie, vulgo costureras o perruqueiras)

No tenemos muy claro que será eso del poetry slam, pero si al evento acude tanta muchacha con estudios superiores, a buen seguro va a ser algo divertido.

PD: Para los más morriñentos de los productos del mar gallego, en El Mar de Mari puedes comprar los mejores mariscos y pescados online. Y si, decimos los mejores porque están cuidadosamente seleccionados, nada de vender cualquier marisco o pescado. Hacen envíos a toda Galicia y España. 

Llegamos al locuus, sedientos, y nos metemos varias alhambras a bordo. En el garito no trabajan mas que cervezas raras e importadas. Esta bastante lleno, para ser un sitio tan raro. Buscamos acomodo cerca de la barra y nos sorprendemos de ver a Tasende, al inefable Tasende quien, a sus 33 años recien cumplidos y con mas buena voluntad que inteligencia, persiste en sus intentos de terminar Derecho. El saludo, ya amoroso, no anticipa nada bueno.

-Que haceis vosotros por aquí, caimanes?

 -Pues nada. Veniamos al poetri eslam este. A ver que tal huele.

-Ya es raro veros en estas historias. Os avisaron en el grupo de teatro de la universidad?

 -Eh… si. Que bebes, Tasende?

-Malibú con piña

(…)

El resto, quede a la imaginación del lector.

Los dos primeros artistas pasan sin pena ni gloria, y el tercero es aplaudido modestamente. Ha caído en gracia, ante un respetable que puebla el local como una colmena parasitaria; cincuenta y siete zanganos que creen que han pagado por estar en el club de la comedia, y se comportan como en una pelea de perros. El que no esta borracho o drogado, se distrae con el smartphone o charla con otros fulanos abiertamente sin el menor respeto por el espectáculo. Termina el show y en exiguo aplauso, al ganador se le conceden tres vales de copa gratis (negrita, brugal, larios, absolut…) y el personal que no esta mamado, desaloja el perimetro para irse a abrevar a otro lao.

Si no ligaste durante, menos lo vas a hacer ahora comentando el evento con alguna incauta.

Y al día siguiente, la resaca te impide llegar a clase de internacional privado a tiempo de comentar la jugada. Así, en cursiva. Con tono jocoso y cachondeo cimero, porque la cultura -de haberla- es una coña marinera.

Pero ya se sabe; las comparaciones son odiosas.

De viajeros

El viajero despierta y parpadea, abriendo sus ojos poco a poco, acostumbrando la vista a la luz que entra por su ventana. El paisaje dorado, los arboles, el color nuevo que le llena las retinas. Así comienza este cuaderno de viaje ­hablar de bitácoras en internet siempre resulta pedante­ sobre la vida de un español de 25 años en tierra extranjera. La movilidad constante y el cuerpo nervioso, excitado, al mirar a través de esa ventana que hasta ayer no conocía y que desde hoy será para él su hogar.

Lo llamamos movilidad. Como si fuese el título de un spaghetti western, pero más bien encarnado en la Odisea griega de Ulises y otros tantos como él. Cualquier epopeya tomaba su nombre del mismo principio sencillo; el viaje trae consigo la épica de la aventura.

Quien dude esto será a buen seguro escéptico o ha relegado el romanticismo al cajón del olvido. Pero recordemos ahora que cualquier experiencia nueva, cualquier nuevo conocido, a la larga amigo, cualquier amor encarnado, curiosidad o conocimiento esta dentro de la mística del viajero.

La misma construcción del nuevo hogar, las raíces trasplantadas, son el mejor ejemplo de esta expresión tan vieja como el mundo y tan moderna como nuestra generación. Estaba grabado en aquel Nautilus de Julio Verne: Mobilis in mobili. Movimiento dentro de un elemento móvil.

¿Todavía es necesario recordar la fantasía juvenil, la imaginación desatada que aquellas 20.000 leguas de viaje submarino despertaban en nuestra mente? Y qué decir del golfo Tenorio, que hablaba tan descaradamente de sus viajes por Europa

“Nápoles, rico vergel

de amor, de placer emporio,

vio en mi segundo cartel:

Aquí está Don Juan Tenorio

y no hay hombre como él.

Desde la princesa altiva

a la que pesca en ruin barca,

no hay hembra a quien no suscriba

y cualquier empresa abarca

si en oro o valor estriba.”

 

a quien respondía Don Luis, de esta cachonda guisa, por las tierras galas;

 

 

“Salté a Francia, ¡Buen país!

Y como en Nápoles vos,

puse un cartel en París

diciendo: Aquí hay un don Luis

que vale, por lo menos, dos.

Pasará aquí algunos meses,

y no trae más intereses

ni se aviene a mas empresas,

que adorar a las francesas

y reñir con los franceses.”

 

Y era así. Hubo una época en que un español viajando era sinónimo de admiración. Nada que ver con los remilgados tiempos de los ingleses mediterraneando con las guías Cook bajo el brazo.

Nosotros descubrimos el mundo y le pusimos nombres, cuando no honores, a todo cuanto se nos puso delante. Tampoco admitíamos burlas. Vale la pena recordar la reacción de Catalina de Erauso en Italia, allá por el siglo de Oro, cuando unas jovencitas acompañadas por bisoños chavales quisieron burlarse de Catalina, que paseaba con jubón de hombre y florete, por privilegio del Papa y del Rey de España, y le decían, riendo:

 

“­Signora Catalina, dove si cammina?”

A lo que la Monja alférez, que los tenía bien puestos respondió

“A darles a ustedes unos pescozones, malas putas, y unas cuchilladas a quien se atreva a defenderlas…”

Pero la épica no termina aquí, porque también la forja la propia personalidad. Por eso se ha hecho un tópico del joven que viaja a la India para conocerse a sí mismo. El viaje también posee una poética propia en los ojos que la observan, como el caminante a la Alcarria describe, rivalizando y a veces superando a Goethe con su ingenio. Así describió Camilo José Cela el paisaje de España, como un apátrida fuera de su casa.

“Por las tetas de Viana,

el mulo, el paisaje y yo.

Son las seis de la mañana”

No nos queda claro si el viajero paseaba o aun soñaba, remedos de Hamlet o de Calderón. La vida, en definitiva, no puede limitarse al lugar inmediato mientras tengamos piernas para caminar y sangre en las venas. Los viajes más extraordinarios de la historia nacieron no fruto del ansia de aventura como de la necesidad, y si bien nadie discute hoy en día que los caracoles o los percebes son auténticos manjares, queda bien claro ­creo yo­ que el primero que se atrevió a probarlos no era ningún epicúreo.

Venga el viaje, si es para conocer lo nuevo. Dejemos las negras ausencias del pasado bordando de ilusiones la palabra del honrado emigrante, que hoy vuelve a moverse por el mundo en busca de su futuro.

Decir que es malo algo que no hemos conocido es la más frívola de las cobardías. Pero sufre aun más la memoria de quienes nos precedieron en el viaje, y hoy nos han hecho sonreír.

Gracias, repitió Magris, al conocer el final del camino. Que aquel Danubio que fue su viaje sea el nuestro, allá donde vayamos. Gracias.