Archivo de la categoría: Sheffield es Santiago

Sheffield es Santiago

Un médico en Sheffield, que echa de menos su tierra aporreando el teclado, entre consultas.

Sheffield es Santiago

Sheffield es Santiago no porque se parezcan. No se parecen. No mucho. Llueve, como en Santiago, pero poco más. Pero creo que cuando un gallego llega a una ciudad la transforma. Ese es nuestro poder. Después de varios años, no te digo que todos, pero la mitad de Sheffield tiene acento gallego.

A mis pacientes, en consulta, alguna vez les he dicho aquello de que malo será, cuando me preguntan  que si es grave la tos que tienen. Sheffield es Santiago porque creo que me he traído junta toda la morriña de los santiagueses. No ha quedado nada. Las baldosas, las gaitas que no escucho, el acento semi norteño, los bares, el pescado que va llegando tarde y mal, todo es Santiago.

Porque el que nace en Santiago, muere en Santiago. Aunque muera en Lima, en Quito, en Estambul o en Sheffield. Siempre muere en Santiago. Porque a falta de Galicia, nos la inventamos. Y porque en cualquier curruncho, en cualquier esquina, en cualquier bar, siempre hay un gallego con el que ver el Depor sufrir, o una gallega a la que hacerle un guiño. Siempre, hasta en la lúa. Es cierto que no falla. Si el gallego no va a Galicia, ya se encarga Galicia de mandarle a uno de sus hijos a hacer que no se sienta solo. Así de generosa es nuestra Madre.

La mía me sigue diciendo que me abrigue, porque cuando vino a verme la primera vez dijo que hace el mismo frío que en Compostela. Y uno ya peina canas. Pero el jersey gordo y pasado de moda sigue llegando a Sheffield cada otoño, y ya es una costumbre. La chica más guapa de Sheffield, que vive conmigo y a la que llamo novia, espera cada octubre impaciente ese jersey con su paquete de embutidos, que le gustan más a ella que a mí, y ya es difícil. Cuando conoció a mi madre, le respondió negando con la cabeza cuando mi santa progenitora le preguntaba en gallego con acento que si yo comía bien en Inglaterra. Y mi novia no hablaba ni una palabra de castellano, imagínate del gallego de mi madre. Pero como Sheffield es Santiago, las palabras son innecesarias para entenderse. Si mi madre me mira a mi primero, y luego a ella, mi novia sabe qué contestar, porque sabe qué ha preguntado. Yo no.